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Escritora y poeta Colombiana. Amante de la cocina, el jardín y la calle. En este blog comparte un poco de su poesía y relatos cotidianos.

jueves, 19 de noviembre de 2020

DEL QUE PAÍS QUE NO SON


No logro un camino
por el que se pueda mirar a este país sin sentir dolor.
La gente es buena
esa bondad se aprecia en el bullicio que sale de la calle
en una carreta con tomates, papayas
y un trapo mugriento cansado de tanto polvo.
Se asoma en el vecino que da la mano,
en el que detiene su tránsito por el viejo del bastón,
el mismo viejo que antes te dijo mirándote a los ojos:
buenos días niña.
Y quisiera que toda esa gente fuera este país
pero no lo es.
El país del que hablo dejó olvidado el puente,
el acueducto, la carretera.
Abandonó las promesas de reforestar
y cuidar las laderas.
Despreció las ideas de los científicos
y comenzó a vender la selva.
El país del que hablo
usa palabras rebuscadas en medio de un huracán,
agradece a una estatua vacía que quedó en pie
en medio de un pueblo destruido con gente
que parece que no pertenece al mismo país.
Otro país distinto de gente pobre
que cree con esperanza que esas palabras podrían ser ciertas,
pero en el fondo sabe
que lo que tendrán del país que no son
seguirá siendo abandono.

lunes, 28 de septiembre de 2020

En estos días que pesan "Toda la sangre que nos queda"

Hay días que pesan, que se desangra la vida, que no provoca más que cerrar los ojos.  Quisiéramos acercarnos a ese ideal de país que habita en los sueños, pero despertamos con el canto de los pájaros o con el sonido de las balas y nos encontramos de frente con el dolor. 

En el 2019 Fallidos Editores publicó mi poemario "Toda la sangre que nos queda" en él, relato mi visión sobre la violencia de este país que duele, cansa y maltrata. Son poemas crudos con una visión femenina y sensible. En algún momento pensé que este libro quedaría olvidado después de que los diálogos de paz llegaran a buen término y realmente pasáramos de la guerra y la violencia. Me siento tan triste, porque cada vez toma más relevancia y no veo fin.  Les comparto algunos poemas. 


DISFONÍA

Con más de 40 años, 

y no he sabido lo que es vivir sin miedo.

Nací en un país de calles oscuras, 

de fusiles en mano, 

de gobierno sin ley.

Cada quién con deseos de llevarse la mejor parte,

ahogados en su propia sangre.

Nos hemos pasado navegando sin rumbo

debajo de ceibas que tratan con ahínco 

de cubrirnos del abrasador fuego de las balas, 

a veces sí, mil veces no. 

Respóndeme querida patria:

¿dónde está mi hijo?

 ¿mi hermano? 

¿mi padre?

¿A qué oquedad sin fondo ni luz

llegaron sus almas?  

¿En cuál de tantas quedó la mía? 

Ya no hablas.

Tu disfonía es algo paradójico,

estás dejando de ser

y tus gritos se oyen a lo lejos.

Recuperarás tu aliento, tu voz 

el día que volvamos a cantar un vallenato

sin agazaparnos, 

tendidos bajo un guayabo,  

descalzos, 

sin miedo. 


DEBE SER QUE DIOS ESTÁ ENOJADO


En días como hoy

donde la bruma cubre los cristales 

y la lluvia llora tristeza,

los presagios solo hablan de dolor.

A lo lejos, en otros territorios de mi país,

en otros continentes de mi planeta

resuenan bombardeos,

debe ser dios que está enojado

porque el dios que yo conozco toma 

partido de vez en cuando.

Y entonces entiendo que tanta neblina

solo es un rumor mortecino 

que viene gritando el grito de otros.

Bajar la mirada es la solución de muchos,

el piso es siempre un refugio seguro,

ya no sabemos si orar,

¿al lado de quién está dios?

No es fácil andar con la cabeza en alto

cuando hay tanta muerte en el ambiente,

tanto odio, 

tantas ganas de ser nombrados.

Somos culpables y víctimas al mismo tiempo.

Pero nos enseñaron a callar,

nos dieron el regalo maldito del olvido,

de la culpa, del pecado.

Ni siquiera pensamos,

solo buscamos culpables en medio del tumulto.

La esperanza de la que hablan,

cada vez más lejos se ve en el horizonte.

Los importantes se alegran, 

la economía sube,

la muerte es un buen negocio,

así en las playas haya niños ahogados.

Nuestras almas de humanos 

se esfuman en medio del polvo

cuando agradecemos no ser nosotros.

Perdimos la vergüenza, la bondad.

Las banderas y los ismos 

son más importante que la piel,

no entiendo,

simplemente 

debe ser que dios está enojado

y está escuchando las súplicas de otros,

no las nuestras. 


MEDELLÍN 90s


Hubo un tiempo teñido de mariposas, 

una juventud que pasó entre bombas y balas. 

Besos que se robaban en las esquinas delante del terror de la guerra,

o de las bombas con las que los narcos decían eran nuestros dueños. 

Tantos amigos que morían porque sí

en esquinas macabras. 

Tantas chicas que cambiaron sus vidas por un par de tetas grandes, 

por una moto en la que se pudiera soportar la miseria de una vida triste. 

Oíamos rock 

mientras tomábamos de ese licor rojo y barato que teñía las tripas.

Nos abrazábamos creyendo que moriríamos jóvenes.

Leíamos, gritábamos y escribíamos poemas 

como protesta por no ser como los otros,

(sicarios con vidas paradójicamente fáciles) 

por querer seguir viviendo a pesar de tanta basura

que masacraba cualquier posibilidad de futuro. 

Nos decíamos los primeros te amo 

en medio de un país desangrado.

Poblamos el mundo huyendo de las amenazas de un secuestro. 

El campo se volvió ajeno, 

nos volvimos adultos encerrados en las ciudades

y parias por mulas. 

No se podía hablar, 

ni pensar,

ni ser correcto.

Tanta estupidez, tanta sangre que se ha vertido en los ríos

de los que ahora hacen  hidroeléctricas y también mueren

en este país que aún hoy no encuentra el horizonte. 

Tanto futuro que hemos perdido 

por complacer los ideales de extraños.

Ahora, la ciudad se siente distinta, 

caminamos junto a extranjeros que buscan y admiran

los vestigios del hombre que resquebrajó nuestras maneras.

Buscamos pintar las paredes para perder el miedo

y aprovechar la vejez que llega como un premio no merecido. 






martes, 23 de junio de 2020

COSER, RECORDAR




Tejo desde que recuerdo. Me enseñó mi abuela la mamá de mi mamá y mi tía Dilvia se encargó de ir puliendo con paciencia los proyectos en los que me metía. Pequeñita le hice a mi mamá miles de carpetas para que pusiera sus adornos y floreros, de esas, conservo una que encontré guardada luego de su muerte. En la universidad tejí boinas y mochilas, Dilvia siempre me enseñaba a sumar y mermar puntos para darles forma, se reía de mí porque siempre he sido desobediente y a veces me pasaba de lista y terminaba haciendo unas cosas horribles. Volví a ella muchas veces, con mís lanas en la mano, pidiéndole consejos o sugerencias y a ella le gustaba ayudarme. Llevo meses tejiendo una colcha, ella me iba a enseñar a pegar los cuadritos, se reía mucho porque veía mis desastrosos avances, yo se los ponía en la cama y le tomaba fotos para que ella viera lo que llevaba y aunque para mí eran muchos, la verdad es que necesito una eternidad para terminar. Mi tía murió la semana pasada y no pude ir a recibir sus clases porque estuvo enferma y me dio miedo enfermarla más, aunque sé que estuvo esperando para enseñarme. Ahora con mayor razón quiero terminar este proyecto, cada vez que tomo la aguja y comienzo a tejer pienso en ella y en su vida. También pienso en mi mamá que se alegraba con estas cosas que se me ocurrían.

domingo, 14 de junio de 2020

REFLEXIONES DE CUARENTENA

AQUÍ NUNCA NADA HA TERMINADO


Si pudiera nacer,
lo haría cerca de los escombros que no han recogido
en una de esas pequeñas playas calurosas debajo de la sierra.
La ventana se abre y entra el viento que sigue enrarecido,
porque aquí no llega la primavera.
Afuera lloran los niños, las mamás gritan,
los papás deciden no afeitarse,
los viejos piensan que es mejor respirar ahora
y eso que esto apenas comienza y eso que aquí nunca nada ha terminado.
Alguien pone salsa a todo volumen
y yo siento que quiero ser piedra
y permanecer en este rincón.


DEL MIEDO


Hablo de miedo
del tercermundismo que aprieta el gaznate
del abismo del tiempo
de la ruta que nunca se abre
y por eso no se supera el camino
ni la ignorancia que nos separa 
de ya no sabemos qué. 
Hablo de la incertidumbre
del desgano
de la vigilia
del insomnio
del encierro que solo sirvió para 
aplazar muerte y pobreza.
Hablo del desvarío de los que donan 
hambre, de los que quitan 
esperanza, de los que pese a toda esta miseria
no se avergüenzan de ser.   

VENGANZA

Estoy aquí pensándote en esta casa que solo son tres paredes,

mirando al infinito de la misma pared que solo habla de todo lo que te quiero

y de la tristeza del cuadro que refleja tu partida.

Estoy aquí pensándote, mientras afuera la gente muere

y la pandemia detiene el mundo en este año que repite sus números.

No los lloro a ellos, ya no. Ahora solo me lloro en medio de este encierro

que está acabando con mi ojos.

Estoy aquí pensándote, abanicando las caricias que quedaron, 

desesperada por buscar quien tome este cuerpo 

y así vengarme 

de saberte lejos

de que no estás.



EN MEDIO


Me quiero volver pantano, 

mañana plomiza de lluvia perezosa.

Despejarme un poco en los ocasos y decirme

que las cosas nunca serán como quiero

ni como antes.

No es momento para pertenecer

ni para la esperanza. 

Soltaré todo hasta que se limen las manos

y pueda sujetar solo lo que no me haga daño.  

La calle se ha vuelto hostil

da miedo respirar

y acercarse a la piel, 

pero cercanía es justo lo que necesito ahora, todo es paradoja

todo es incertidumbre.

Una maraña de mal sabor que no termina pasando con nada

ni con todo el ron y ni con todo el vino.

Ser pantano es el camino a la melancolía eterna

siempre un poco entre el asco y la arcilla.   



SUCEDE POR EJEMPLO


Sucede por ejemplo, 

que un dia te levantas 

vas en bici

o caminas por la calle 

y el humo y las balas

y el odio

no te dejan ver lo que saliste a buscar 

y efectivamente no encuentras el amor

ese se escurre  y transcurre en otras veredas que no son estas.

Le debe tener miedo como yo, 

al poder que se cree dueño y señor 

de la libertad, de la paz, de los montes, de las calles

y que con su gatillo señala quien debe permanecer.

Sucede por ejemplo,

que un día después de mucho tiempo

abres las alas y decides no callar

gritas la vida 

del páramo, 

de la bahía

del hermano

del pueblo

así el amor se haya ido,

así el miedo perdure. 


jueves, 9 de enero de 2020

ALGUNOS POEMAS SOBRE MEDELLIN




La colección de poemas que vienen a continuación son un ejercicio de escritura que combina fotografía y poesía.  

Los poemas son relatos o descripciones de espacios, situaciones y personas que habitan el centro de la ciudad y que me atraen por alguna particularidad que veo y de la que me surge una idea. 

A continuación comenzaré con un poema que escribí inspirada en un cuadro del pintor Jorge Alonso Zapata. 


AURORA

Hay noches en las que el calor me descoloca,
solo queda abrir las ventanas y exhibir a
la ciudad los demonios que guardo conmigo. 
Me gusta cuando llega Mario, 
me siento libre entre sus manos 
que son más basura que piel.
Con él puedo lucir las vergüenzas por las que 
tantas veces he sido herida  y sentirme bella.
Aspiro profundo el humo del cigarrillo que compartimos,
quiero pensar que es su aire el que me queda adentro
cuando cierro la puerta sin mirar. 
Me llevo a la esquina este cuerpo que es más suyo que mío
y le dejo cada noche en la pieza el corazón con los besos.
Afuera la luna brilla sobre la calle que me espera
con un rompecabezas de hombres que me quieren y odian
porque no aceptan lo que son. 
He decidido llamarme Aurora 
algo así como la esperanza, pero más real.  
Me pongo un vestido morado que salga con mi pelo
y unos tacones altos comprados por los Puentes,
salgo, falta mucho para que amanezca.
Un hombre me grita, le muestro las tetas y el pipí
acepta la propuesta. 



FLORES DE VERDAD

A veces creo que no tengo derecho al amor,
que eso solo le pertenece a las muchachas que no son de calle.
Tanto cemento lo deja a uno gris, extraño, taciturno.
Hace tiempo un muchacho se enamoró de mí
me regalaba flores de verdad todos los domingos por la noche, 
no me importaba que fueran robadas a la muerte.
De mi cintura salían colores y sonrisas limpias,
creí que por fin iba a ser feliz. 
Pero la vida cambió los besos que me daba
por todas las lágrimas que ya no tengo. 
Esas flores de verdad fueron presagio de un destino fúnebre.
El amor acabó en las manos de un fulano
que cargaba un cuchillo más grande y unas manos
más precisas. 
Últimamente sirvo tinto todas las mañanas en una cafetería de La Playa
pago la pieza, compro lo necesario para la comida y una coca cola.
Le llevo flores de verdad al muchacho que me quiso.
Ojalá que alguien las robe y le paguen con besos el delito.